Como un canal que se bifurca, dos alternativas aguardan al visitante en Venecia, una de ellas, la más convencional, consiste en no perder de vista los carteles, muchos de ellos no son más que simples pinturas en la pared que se esfuerzan en orientarnos mínimamente por su entramado retorcido y caprichoso, “San Marcos”, dicen unos, y “Rialto”, los otros. Eso y una flecha, sin más, deberemos conformarnos, pues no existen mayores indicaciones, pero, ¿realmente hay alguien que necesite orientarse en Venecia?. La segunda opción, más atrevida, consiste en prescindir de rótulos y no prestar demasiada atención al mapa, parece caótico, pero resulta a la larga más recomendable, venecia es uno de esos extraños lugares que aún quedan en el mundo en los que se puede descubrir una maravilla que no figura en las guías de viaje y al dar dos pasos más, tratando de orientarnos o de perdernos más aún, podemos tropezar con un convento más fascinante todavía, o con una iglesia oculta que sólo los venecianos conocen y si nos vemos muy apurados, siempre se puede les puede preguntar. |